26 nov 2012

Mazdeísmo

ORIGEN


Se cree que fue la primera religión ética monoteísta. El profeta y fundador de esta religión fue Zaratustra (conocido en el mundo angloparlante como Zoroastro) y vivió entre el 2000 a.C. y el 1200 a.C., aunque algunos especialistas lo sitúan en una época posterior. Vivió en algún lugar en el norte de Asia Central, probablemente al noreste del Mar Caspio. Tuvo muchas revelaciones a lo largo de su vida, las cuales comenzaron cuando tenía 30 años. En esa ocasión, cuando se bañaba en un río fue llevado por una luz y vio con sus propios ojos a Ahura Mazda (el maestro sabio o el señor de la sabiduría) quien le reveló la forma correcta en que un ser humano debe comportarse; enseñanzas que luego fueron plasmadas en el Avesta, el libro sagrado del mazdeísmo. Es importante señalar que el Avesta que conocemos en la actualidad es una versión incompleta del original, que se transmitía de manera oral.


CREENCIAS

Un elemento central de esta religión es la idea de verdad, además  los creyentes deben tener buenos pensamientos, decir buenas palabras y hacer buenas acciones. Zaratustra pretendía remplazar a los muchos dioses a los que se rendía culto en esta región por la creencia en un sólo Dios. En sus enseñanzas, consideraba a todos los seres humanos como iguales (idea bastante innovadora para ese tiempo) sin importar su condición social.

Buena parte de las enseñanzas del Mazdeísmo existían ya en el Rig-Veda, uno de los libros sagrados del hinduismo. Ambos idiomas, el avéstico y el sánscrito de los habitantes del norte de la India, provenían de la lengua de los arios, una serie de pueblos que emigraron desde Asia Central o el norte del Cáucaso. Los seres que los hindúes consideraban como devas (dioses) fueron reducidos por Zaratustra al rango de daevas (demonios). Eliminó prácticamente a todos los dioses del panteón hindú excepto dos, Varuna y Mithra, de los cuales tomo sus mejores cualidades y funciones para integrarlas en la personalidad de Ahura Mazda. Varuna era el dios creador, el rey de los dioses, mientras que  Mithra era el garante de las promesas y los contratos además de dios de la amistad. Ahura Mazda es la representación misma de la sabiduría y los mazdeístas creen que puede encontrarse en cualquier parte. Además de Ahura Mazda existen otras seis voluntades que pueden entenderse también como aspectos de la divinidad suprema. Cada uno de estas entidades tiene una manifestación física:

  •     Kshathra Vairya representa el buen gobierno y su símbolo es el cielo que cuida a la tierra.
  •     Spenta Airmaiti es la piedad benevolente y se identifica con la tierra.
  •     Haurvatat es la perfección simbolizada por el agua.
  •     Ameretat es la inmortalidad y su manifestación terrenal es la vida vegetal.
  •     Vohu Manah es de los más importantes puesto que representa los buenos pensamientos y los animales que sirven a la humanidad son su símbolo.
  •     Asha Vahishta, la suprema verdad que encuentra su forma en el fuego, uno de los símbolos más importantes de esta religión.

Ahura Mazda, también llamado Spenishta Mainyu o Spenta Mainyu (el espíritu más sagrado), es representado en el mundo material por el hombre. Esta deidad suprema creó al universo para contener al espíritu malvado (Angra Mainyu) y finalmente derrotarlo, por lo que el mundo de la creación tiene un propósito. Sin embargo, esta no es una religión dualista, Ahura Mazda es el dios que combate a la voluntad de negatividad pura. En la tierra, la humanidad también se enfrenta con el espíritu y destructor al buscar la verdad para seguir el camino correcto y vencer al mal.

La gran aportación de Zaratustra al desarrollo ulterior de los sistemas religiosos que evolucionaron en Medio Oriente fue la idea de un plan ético-escatológico, o sea un proceso histórico que termina con un juicio que se define en los términos de nuestra propia elección, ya que uno crea su propio destino tomando decisiones a favor del bien (Ahura Mazda) o del mal (Angra Mainyu).


RITUALES

El culto a Ahura Mazda está basado en el fuego. No obstante este ritual ígneo no fue inventado por Zarathustra; era ya muy antiguo en el norte de Asia Central cuando este comenzó a recibir la revelación. La innovación radica en que el Mazdeísmo considera al fuego como un símbolo de la verdad. En los templos del fuego los creyentes orientan sus rezos hacia el fuego dedicándoselos a alguno de los seis aspectos de Ahura Mazda. El fuego que se mantiene en los templos no debe ser contaminado de ningún modo, por lo que los sacerdotes encargados de cuidarlo usan máscaras para taparse la boca y la nariz y así evitar cualquier polución. Existen algunos templos en Irán donde el fuego se ha mantenido encendido ininterrumpidamente por 2,500 años.

En el pensamiento mazdeísta el cuerpo de un ser humano es sagrado mientras está vivo. Cuando una persona muere y pasan los tres días que ellos creen que tarda el alma en abandonar el cuerpo, este es considerado una cáscara que ya no posee ninguna utilidad. El alma de un ser humano enfrenta un juicio por sus acciones al tratar de cruzar un puente que lo lleva al paraíso: si ha vivido correctamente, diciendo la verdad y pensando, hablando y actuando de buena manera el puente es amplio y la persona puede cruzar fácilmente. Si la persona se había desviado del camino correcto el puente que debía cruzar era tan estrecho que se rompería y dicha persona caería al abismo.

Puesto que el fuego es considerado sagrado por los creyentes no pueden emular el ritual hindú de incinerar a los cadáveres, por lo que colocan a los cadáveres en torres o en la cima de montes para ser devorados por aves de presa.


INFLUENCIA DEL MAZDEÍSMO EN LAS RELIGIONES DE MEDIO ORIENTE

Debido a que los judíos, que estuvieron cautivos en Babilonia durante 60 años, fueron liberados por el rey aqueménida Ciro el Grande, se ha especulado mucho sobre la influencia que la religión mazdeísta tuvo en la mente de los hebreos. Los textos elaborados por los profetas judíos después del periodo de cautiverio tienen muchas similitudes con las ideas de la religión fundada por Zaratustra, por ejemplo, el énfasis puesto en los conceptos de cielo e infierno, juicio, escatología, vida futura, el salvador o mesías; esta última idea tuvo capital importancia en el desarrollo del pensamiento cristiano.

El Islam, cuyos ejércitos conquistaron el imperio sasánida (tercer imperio persa después de los Aqueménidas y los Partos), tuvo un desarrollo muy particular en la meseta de Irán, Mesopotamia y la ribera occidental del Golfo Pérsico, ya que en esta zona de clara influencia geopolítica persa se desarrolló el shiísmo duodecimano, rama del Islam que otorga gran importancia a la idea del Mahdi (salvador), el doceavo imám que vendrá al final de los tiempos a ayudar a Allah a restablecer la justicia y la paz en la tierra.     

Grupos etnolingüísticos en Afganistán y países limítrofes



21 nov 2012

Importancia del petróleo como moneda geopolítica

El petróleo adquirió gran importancia como factor  geopolítico poco antes de la Primera Guerra Mundial, cuando el primer lord del Almirantazgo, Winston Churchill, decidió cambiar la fuente de energía de los buques de guerra británicos pasando del carbón al petróleo debido a que esto facilitaría el desarrollo de una fuerza naval más rápida que la alemana. Esta decisión implicaba que la armada británica ya no dependería de los yacimientos de carbón que se encontraban en territorio de Gran Bretaña (particularmente en Gales) sino de las reservas de petróleo descubiertas hacía pocos años en Persia (hoy Irán). Desde ese momento asegurar las fuentes y las rutas de abastecimiento de hidrocarburos se convirtió en un asunto de seguridad nacional para el Reino Unido.

En la Segunda Guerra Mundial se hizo patente otra vez la importancia que este energético tiene para la seguridad de las naciones industrializadas. Los estrategas japoneses, buscando nuevas fuentes de energía para su esfuerzo bélico después del embargo petrolero estadounidense, consideraron como objetivo el control de Indonesia y sus yacimientos de petróleo un aspecto esencial de su expansión por el Pacífico. Como tales planes de expansión militar chocarían con los intereses norteamericanos, decidieron atacar Pearl Harbor y anular cualquier capacidad de contraofensiva de las fuerzas navales de Estados Unidos durante seis meses como mínimo. Tiempo suficiente para ocupar posiciones en Asia Oriental y las islas del Pacífico occidental. Las campañas de invasión de la Whermacht  en el Cáucaso y el norte de África tuvieron las mismas razones de seguridad energética, ya que el combustible sintético que producía la Alemania Nazi no era suficiente para cubrir la demanda de sus fuerzas armadas. Esta situación se agravaría después con el constante bombardeo de la refinería de Ploesti, Rumania por la aviación aliada. En Arabia Saudita, poco antes del fin del conflicto, el presidente norteamericano Franklin Delano Roosvelt ya había negociado con Abdel Aziz el llamado “paraguas norteamericano”, plan que garantizaba al rey saudí seguridad externa e interna para su régimen a cambio de petróleo barato a Estados Unidos.

Durante la Guerra Fría, la delimitación de esferas de influencia por las respectivas superpotencias convirtió a los países productores de petróleo del Medio Oriente en un elemento significativo de la estrategia de contención norteamericana. El caso de la intervención norteamericana en Irán para deponer a Mossadegh como primer ministro y reinstaurar al Sha Reza Pahlevi en el poder es bastante ilustrativo de esta nueva dinámica internacional, ya que el objetivo que perseguía el gobierno estadounidense era evitar una mayor influencia de la URSS en la región y asegurarse un suministro abundante y barato de petróleo iraní.

Los años que siguieron al fin de la Segunda Guerra Mundial vieron asimismo el auge de los movimientos independentistas en Asia y África y los intentos de consolidar al Tercer Mundo como un bloque solidario, antiimperialista e independiente de Washington y Moscú. Aquellos países subdesarrollados que habían nacionalizado sus yacimientos petrolíferos vieron en su riqueza energética la capacidad de negociar asuntos políticos y económicos con los países desarrollados en condiciones más favorables, sobre todo cuando se hizo evidente que el gran desarrollo económico que habían vivido Estados Unidos y Europa Occidental desde el fin de la Primera Guerra Mundial estaba basado en el uso de recursos energéticos a precios muy bajos. Además, había que encontrar un modo de frenar la ambición desmesurada de las compañías petroleras inglesas y norteamericanas que explotaban los hidrocarburos de países que se beneficiaban muy poco de la exportación de sus propios recursos. La OPEP surgiría en 1960 partiendo de esta idea.

El aumento de precio del petróleo y el embargo contra las naciones que apoyaron a Israel durante la guerra del Yom Kippur acordados por los países miembros de la OPEP transformaron radicalmente la relación que existía entre los países industrializados y los países que sólo contaban con sus reservas de petróleo para desarrollarse. Al ser utilizado como un arma política, el aumento de precios del petróleo y el consiguiente racionamiento y carestía en Estados Unidos y Europa Occidental logró que se replantearan cuestiones de seguridad interna y externa en varios países. Desde ese momento en adelante el Medio Oriente sería una región de importancia capital para la política exterior norteamericana, buscando a toda costa el establecimiento de regímenes supeditados a los intereses norteamericanos, como lo eran en ese momento Irán y Arabia Saudí, buscar la paz entre israelíes y árabes, y diversificar sus fuentes de energía. Otras consecuencias importantes derivadas de este suceso fue la explotación de yacimientos en Alaska, el Mar del Norte y un aumento considerable de plantas de energía nuclear en Francia.

La invasión irakí a Kuwait en 1990 se fundamentó en la apropiación de los recursos energéticos kuwaitíes para sanear la economía de Irak que había quedado terriblemente endeudada después de la guerra con Irán. La fulminante derrota del ejército de ocupación por las fuerzas lideradas por Estados Unidos tuvo como consecuencia la destrucción de buena parte de los campos petroleros de Kuwait, reparados rápidamente, y la presencia permanente de numerosas tropas norteamericanas en la región.

La Invasión de Irak en 2003, también llamada Segunda Guerra del Golfo Pérsico buscó asegurarse un mayor suministro de recursos energéticos para la economía norteamericana. Esta invasión también abrió la posibilidad de que empresas petroleras de otros países participaran en la extracción y refinación del crudo irakí.

Actualmente, muchas de las negociaciones entre países productores de petróleo y países desarrollados o en vías de desarrollo se fundamentan en el uso de los hidrocarburos como moneda de cambio con importantes connotaciones geopolíticas. Así, las difíciles negociaciones entre Sudán  y Sudán del Sur para que este último obtuviera su independencia tuvieron como puntos focales la delimitación territorial de áreas con yacimientos petrolíferos y el uso de infraestructura para exportar el crudo extraído. Los conflictos limítrofes en el Mar de China Meridional entre Vietnam, Taiwán, Filipinas y China también tienen como fondo el derecho que cada uno de estos países tiene a la explotación del subsuelo para aprovechar sus recursos. Pero la región del mundo donde la seguridad energética tiene gran relevancia para la comunidad internacional y los distintos intereses de las potencias es sin duda el espacio ex soviético, sobre todo el Cáucaso y Asia Central. Aquí intervienen activamente, ya sea a través de ayuda técnica, apoyo militar o proyectos de integración económica países como Turquía, China, Irán, Rusia y Estados Unidos. Aprovechando la debilidad económica y la inestabilidad política de países como Uzbekistán o Azerbaiyán, cada una de las potencias promueve la ayuda financiera y material a estos países a cambio de permisos de prospección, de construcción de infraestructura o derechos de explotación. Algunos de estos países son importantes no por la presencia de yacimientos petrolíferos dentro de sus fronteras, sino por su valor como importantes rutas de suministro. Las consecuencias del choque de intereses en la región fue patente en la guerra de 2008 entre Georgia y Rusia.

18 nov 2012

Selyúcidas: Los Turcos Medievales

La infiltración de los turcos en el mundo islámico se inició en el siglo IX cuando comenzaron a ser reclutados como soldados esclavos al servicio del califato. Califas y emires adiestraron a los turcos en las artes militares pero su progresiva conversión al Islam los transformó en influyentes oficiales libertos. Expertos en el uso de la ballesta y excelentes jinetes, los turcos destacaron como tropas de élite y el califa Al Mutasim formó con ellos su guardia en Samarra, aislado de los jorasaníes de su corte. Los turcos se apoderaron en 861 del tesoro del califa y de la administración hasta 945 cuando fueron desplazados por los shiíes del clan buyí. Sin embargo, los turcos habían demostrado su valía y los emires siguieron contratándolos como oficiales y funcionarios.Las tribus turcas se convirtieron al Islam a través del sufismo perseguido por Bagdad que se refugió en las montañas. Ya islamizadas, las tribus federadas turcas qarlug, dirigidas por los qarajaníes, invadieron Mawarannahr (Transoxiana). Al sureste de Jorasán, el emirato Ghaznávida se independizó de los persas bajo el mando del turco Mahmud, conquistador del norte de la India. Hijo de un oficial esclavo, Mahmud conquistó Jorasán, apoyó la ortodoxia suní y veneró a los místicos sufís. Fue el primer musulmán con el título de sultán (autoridad).En 1040, la confederación turca Oguz, liderada por los selyúcidas, irrumpió en Irán e identificó su dominio con la ley, el orden, la protección de la propiedad y la recta práctica del Islam, antes de vencer a los buyíes shiítas en la batalla de Dandakán (1040). Los selyúcidas establecieron una alianza con los maestros religiosos suníes y las élites urbanas mientras ocupaban la meseta iraní y realizaban asaltos rápidos en Armenia y en la Anatolia bizantina. Los buyíes buscaron apoyo en los fatimíes de Egipto, pero el jefe selyúcida Toghril Beg ocupó Bagdad en 1055, los expulsó y logró que el califa Al Qaim lo nombrara sultán y “Rey del Este y del Oeste”.Los primeros sultanes se apoyaron en la burocracia persa de Jorasán y en el inteligente visir Nizam al Mulk, que reorganizó la economía del Imperio y distribuyó tierras entre los jefes militares turcos para acelerar su sedentarización. Nizam transmitió a los selyúcidas los principios políticos del despotismo persa que habían asumido los califas abásidas e impulso las madrasas o escuelas islámicas para formar altos funcionarios y ulemas. En ellas enseñó Al Gazali, que sintetizó en su renacimiento de las ciencias religiosas la teología suní, el derecho, el pensamiento helenista y el misticismo sufí. Mulk fue eliminado por la secta ismaelí de los nizaríes, mejor conocidos como hashashiyyin (asesinos) cuando los selyúcidas intervinieron en el Egipto fatimí.Los selyúcidas derrotaron al emperador bizantino Romano LV Diógenes en la batalla de Manzikert (1071), donde el sultán Alp Arslan lo capturó y aniquiló a su ejército. Un sultán selyúcida se hizo cargo de los territorios conquistados (Sultanato de Rum) y Constantinopla pidió ayuda al Papa y a los reinos cristianos. Los selyúcidas reforzaron Siria con los turcos Zangi de Mosul y Alepo, que tomaron Damasco y enviaron al turco Saladino a conquistar Egipto. Una revuelta en Jorasán desprestigió a los selyúcidas, destruidos cuando los mongoles arrasaron Bagdad.

27 sept 2011

La Revolución Islámica en Irán

Aquellos que se oponen a los mullahs se oponen al Islam; eliminen
a los mullahs y el Islam desaparecerá en cincuenta años. 
Sólo los mullahs pueden traer a la gente a las calles y hacerla 
morir por el Islam, rogándoles que derramen su sangre por el Islam.

Ayatollah Jomeini

En una época como la nuestra, caracterizada por la 
presencia de políticos corruptos, cínicos, traicioneros y 
oportunistas, la fe inquebrantable de Jomeini parecía
lo único digno de ser tomado en serio.

Ahmed Taheri. The Sprit of Allah


La Revolución Iraní fue una revolución de masas dirigida por una élite clerical que se empeñó en crear una teocracia. Los casos más cercanos habría que buscarlos en el Tíbet (antes de la invasión china) o en el Estado Vaticano. Fue también la primera revolución de masas que pudo ser televisada para millones de espectadores. Una revolución que se hizo en el nombre de Dios introdujo un elemento extraño en esta época, que invade lo social, lo político y lo económico, un determinante por el cual esta revolución jamás será cabalmente entendida en los países occidentales: el alma.

En su desarrollo, la Revolución Iraní se ajusta en sus rasgos generales al patrón establecido por la Revolución Francesa. Sin embargo, en sus postulados e ideales, el movimiento de Jomeini niega aquello que las grandes revoluciones seculares y ateas que la precedieron habían proclamado como valores universales.

En este sentido, el siguiente pasaje de Los Versos Satánicos de Solmon Russde resulta ilustrativo a pesar de lo tendencioso que es el autor:

Haremos una revolución; esto es una revuelta no sólo en contra del
Tirano (del Sha) sino en contra de la Historia. La Historia… la creación
y posesión del Demonio… la más grande de las mentiras –progreso,
ciencia, derechos-. La Historia es una desviación del Camino (del Islam).

Cuando se inicia el auge de los movimientos anticolonialistas, los instrumentos ideológicos empleados por los grupos de liberación eran básicamente occidentales: el marxismo y el liberalismo. Dos doctrinas netamente europeas proporcionaron la metodología necesaria para que muchos países se independizaran de su metrópolis. Finalizada la ocupación militar y gracias a la dependencia ideológica, las grandes potencias pudieron seguir dirigiendo la vida de esos nuevos Estados, no sólo utilizándolos como mercados de salida para su producción, sino inculcándoles un modo de vida extraño a sus culturas autóctonas.

El resurgimiento islámico consiguió distraer la atención preferente de las potencias europeas y obligó a Estados Unidos y la Unión Soviética a combatirlo como un enemigo común debido a que el Islam no responde a pautas de comportamiento conocidas por ellos. Es erróneo creer que el Islam es un monolito sin fisuras. Debajo de él se encuentran regímenes tan distintos como las monarquías semiabsolutas, los comités populares o las repúblicas islámicas.

Shamati, un importante sociólogo del Islam, teorizó sobre la Revolución Iraní que el proceso de aculturación de esos terceros países (musulmanes) sufre un receso por el complejo de inferioridad cultural en que se sentían buena parte de las clases dirigentes locales. La pérdida de la estructura religiosa-cultural a la par que la disminución de los recursos económicos deja dos opciones para los intelectuales, frecuentemente hipnotizados por corrientes filosóficas occidentales, de esas naciones para recuperar su autonomía y cultura. Uno es asumir la responsabilidad independiente de su nación. Otra, y de ahí el carácter expansivo de la revolución islámica frente al nacionalismo árabe, es transformar al Islam tradicional y decadente al servicio del poder constituido en un Islam reformador que pueda dar una respuesta válida a la multiplicidad de requerimientos que exige la nueva realidad sociopolítica.    
     
Con las reservas del caso, la Revolución de Irán es, en efecto, una revuelta contra la historia occidental. Fue una revolución hecha para conservar las tradiciones propias, para volver al camino de la ley plasmada en el Corán. No es una revolución que hable de “Libertad, Igualdad y Fraternidad”, no es una revolución por la democracia, ni para imponer la dictadura del proletariado o del campesinado. Es una revolución que unió a poseedores con desposeídos para reivindicar el Islam y el Corán.  Como mencionó Foucault al respecto: “Entre las cosas que caracterizan a este acontecimiento revolucionario, está el hecho de que revela una voluntad absolutamente colectiva. En Irán el sentimiento nacional es en extremo vigoroso: la negativa a someterse al extranjero, la repugnancia ante el pillaje de los recursos nacionales, el rechazo de una política externa dependiente, la injerencia norteamericana visible en todas partes, determinaron que al Sha se le considerara un agente de occidente”.

El shiísmo es la religión oficial de Irán desde el siglo XVI. Irán es el único país donde esta religión es la oficial. Lo que la distingue en términos prácticos de su contraparte mayoritaria sunní es que la primera desarrolló una casta clerical, una hierocracia, sin embargo, sólo en Irán esta hierocracia alcanzaría su maduración plena por el hecho de haber crecido bajo el amparo y la protección del Estado monárquico que lo institucionalizó. De ahí surge una legitimidad dual, esencialmente conflictiva del Estado iraní. En muchos sentidos, esto coloca a Irán en condiciones muy distintas a las de los demás Estados musulmanes. La dualidad intrínseca monarquía-hierocracia del sistema político iraní vino a resolverse, de manera por demás inesperada, en una revolución del clero contra el Sha.

El Sha olvidó que fue ese clero el que dirigió la reacción nacionalista del país frente a la agresión colonial rusa y británica en los siglos XIX y XX. Olvidó que ese clero, en su calidad de guardián y tutor de la comunidad de creyentes, de intérprete único de la ley divina y de “fuente de imitación” para los fieles, poseía un liderazgo sobre la sociedad que, de hecho había ejercido en diversas situaciones de crisis pasando por encima de la monarquía misma.

De los seis reyes que Irán tuvo desde principios del siglo XIX hasta 1979, ninguno está enterrado en el país. Los seis murieron en el exilio. De los 42 ministros que tuvo el país en ese periodo, 10 fueron asesinados y más de 12 huyeron al extranjero. Asimismo, Irán sufrió varias intervenciones extranjeras: rusas, británicas, otomanas e iraquíes. En el mismo lapso hubo innumerables insurrecciones y movimientos separatistas de las minorías étnicas. En todas estas situaciones críticas, el clero estuvo presente de manera directa o indirecta, pero fue en dos de los momentos más significativos de la historia política de Irán –la revolución de 1906 y la de 1963- donde la hierocracia jugó un papel protagónico.

La primera fue una revolución de la sociedad para frenar el despotismo monárquico. Se estableció una monarquía constitucional con el apoyo del clero. La segunda fue una revolución de la monarquía sobre la sociedad para imponer un programa de “modernización y occidentalización”. El clero dirigía la resistencia bajo la conducción del Ayatollah Jomeini. Esto le costó un exilio de 16 años.

El pensamiento político de la hierocracia shií sufrió una lenta evolución desde el siglo XVI hasta el presente, cuando los mullahs llegaron a la conclusión de que podían y debían ejercer directamente el poder en beneficio de la sociedad. Ésta es la aportación esencial de Jomeini, sin soslayar sus dotes de líder revolucionario y de estadista que llevaron a Irán de ser un régimen monárquico prooccidental a una república islámica.

En términos generales, la Revolución de Irán puede calificarse de fundamentalista; de ahí muchas de sus peculiaridades. El fundamentalismo puede definirse como una politización de los valores y creencias más tradicionales de una sociedad, principalmente las de tipo ético-religioso. Surge en momentos de crisis de orientación y sentido de una sociedad, como una forma de reafirmación colectiva de la identidad propia ante la irrupción de valores o incluso formas de producción ajenas. En particular, son los sectores más tradicionales de la sociedad (en su calidad de custodios de los valores auténticos) los más sensibles a los cambios generalmente disruptivos de los procesos modernizadores. En este sentido, el fundamentalismo está latente en los sectores tradicionales de las sociedades en rápido cambio. Sin embargo, para que surja el brote fundamentalista, parece ser un requisito indispensable la existencia de un sacerdocio que, en un momento dado, pueda actuar como intelligentsia del movimiento en su calidad de intermediario entre la voluntad divina y los creyentes.

En cualquier culto religioso, la hierocracia, el clero, enfrenta un dilema entre su actuación puramente espiritual y su compromiso social y mundano. En situaciones críticas para esa sociedad, el clero puede considerar (o sobre todo, puede ser presionado por la comunidad) indispensable ofrecer su liderazgo político. Esta tendencia puede hacerse más acentuada por el vacío de liderazgo secular motivado por la creciente falta de credibilidad de los políticos laicos y más aún, en las ideologías. De ahí que, al menos, puedan distinguirse en el fundamentalismo tres niveles de diferencia.

  1. Como defensa activa de los valores y principios de una religión.
  2. El clero pasa de ser un guardián celoso de la moral de la comunidad a buscar su participación en la política. Tal es el caso de algunos sectores del clero en América Latina o de los partidos rabínicos en Israel.
  3. Finalmente, como ocurrió en Irán, si el clero se ve marginado y no encuentra formas de canalizar ni las demandas propias ni las del sector que representa, puede asumir un proceso de liderazgo revolucionario. Éste también sería el caso de los nacionalismos irredentos de la ex-URSS, Polonia o Irlanda, donde los nacionalismos oprimidos canalizan sus demandas a través del discurso religioso. Esta mezcla de nacionalismo e identidad religiosa estuvo presente en la Revolución de Irán a través de las muestras de nacionalismo revanchista y xenófobo anti-occidental.

En realidad, no resulta extraño que los jefes religiosos, los ayatollahs que representan en el Islam iraní la permanencia de la tradición, la imagen de una vida sencilla, sin más preocupaciones que la de acercarse a Dios, hayan podido colocarse a la cabeza de esta rebelión. Con su forma modesta de vestirse, de vivir, representan para el pueblo la perpetuidad de la sabiduría coránica frene a la futilidad de las rapiñas, de la corrupción y del dinero fácil.

El Islam se convirtió entonces en algo más que una religión, más que una ideología, más que una cultura. Es un todo dentro de un país dislocado a consecuencia de de la introducción de distorsiones y desequilibrios provocados por la irrupción de mecanismos económicos y sociales modernos. El Islam aparece así como el único escudo y más que un escudo, como la única fuerza de cohesión. El Islam como totalidad logró abolir todas las diferencias.

Señala el gran islamista Bernard Lewis “El Islam, desde el momento de su fundación es el Estado, y la identidad de religión y gobierno está impresa de manera indeleble en la memoria y conciencia de los creyentes a partir de sus propios escritos sagrados, su historia y sus experiencias”. No hay que olvidar que Mahoma fue a la vez profeta, fundador de un Estado y conquistador. Esto crea diferencias fundamentales entre el paradigma islámico y el cristianismo. Para el Islam no existen distinciones entre iglesia y Estado. La soberanía no descansa ni en un individuo, ni en el pueblo. Pertenece a Dios. El papel del hombre es ser su vicerregente en la tierra, el administrador de Dios.

El integrismo puede definirse como una ideología que busca la unificación, la integración de las esferas secular y religiosa del Estado-nación moderno que ha tendido a separarlas. En este sentido, el integrismo puede ser meramente una racionalización de las aspiraciones de un movimiento fundamentalista. También es cierto  que el integrismo está más arraigado en el Islam que en el judaísmo o en el cristianismo. Estos dos últimos, desde sus inicios, establecieron la separación entre la esfera del rey y la del sacerdote, entre la espada y las Escrituras. En el Islam original, el del Profeta, no hubo tal distinción. El integrismo islámico idealiza este Islam primitivo y lo toma como un modelo de un Estado en el que la esfera de lo político, lo religioso, lo económico y lo social estaba unificada bajo la Ley Divina. El integrismo propone un plan revolucionario que esencialmente consiste en lo siguiente:

  • Impedir a toda costa la secularización del Estado.
  • Una revolución en nombre de Dios que permita restablecer el dominio de la Ley Divina expresada en el Corán.
  • El gobierno islámico ideal se describe en pocas palabras como un gobierno democrático sustentado en el consenso (ijma) y la consulta (shura); justicia en lo económico y la restauración de la identidad islámica en lo cultural, social e histórico.
  • Lograr una modernización selectiva que por ningún motivo implique una occidentalización de valores.
  • Destruir las fronteras del Estado-nación actual, herencias del colonialismo, y contrarias a la voluntad divina de que exista una sola comunidad de creyentes.
  • Establecer una sociedad igualitaria con apego a los modelos socialistas, esencialmente mediante la estatización de la economía.
Es importante destacar la falta de consenso en la clase media sobre el proyecto político que se consideraba adecuado para Irán. La facción liberal democrática quería una monarquía constitucional en la que el Sha se limitara a “cortar listones y besar bebés frente a las cámaras” dejando el poder en manos de un parlamento pluripartidista de corte europeo. Las facciones radicales querían un régimen socialista islámico, al estilo de Libia, o uno comunista, según lo proponía el Partido Tudeh de clara filiación soviética. Por tanto, quedaba sin respuesta la gran pregunta de cómo enfrentar el poder del Sha y el único que parecía tener una solución práctica era Jomeini. Él sabía del enorme carisma con el que contaba el clero y, sobre todo, de la tradición de liderazgo político que se había forjado desde los tiempos de los Qayar. Para derribar al Sha se tenía que movilizar a la nación entera; sin embargo, las “masas” no estaban dispuestas a morir por los ideales de Lenin o Mao, y sí en cambio, por los del Imán Hussein y el Islam. El Islam ha dado respuestas que son válidas para todos sus seguidores. El cuerpo doctrinal musulmán no se limita a una parte de la vida humana, por el contrario, penetra y reforma en todos los campos donde se desarrolla la persona reglamentándolos de una forma tan minuciosa que es sorprendente tanta previsión. Para el musulmán, su religión es un camino que lo resguarda de todo error y que garantiza una recta conducta de la vida.

Para los observadores occidentales resultó sorprendente el comportamiento de la clase media laica, que fue incapaz de asumir la responsabilidad del cambio revolucionario. Uno a uno, los diferentes partidos (liberales, nacionalistas, comunistas, maoístas) se fueron entregando a Jomeini y aceptando su liderazgo.

 Jomeini tuvo la sagacidad y el carisma para unir a todas las fuerzas sociales que el propio Sha se había encargado de alejar de su régimen y que buscaban derrocarlo. Supo convertirse en “campeón de todas las causas” ya que mantuvo un prudente silencio en torno a los principales y más controvertidos temas políticos y sociales: la democracia, la reforma agraria, la mujer y el papel del clero en la política. De esta forma, el bazar (los comerciantes) lo apoyaba por los tradicionales vínculos que lo unían con el clero y porque Jomeini defendía los valores islámicos entre los que se encontraba el respeto a la propiedad privada. La clase media moderna lo consideró un nacionalista romántico y ante todo, un hombre sin intereses propios o de grupo. Pero al igual que el Sha, la moderna clase media no pudo concebir la política y el Islam sino como cosas separadas y distantes. Los trabajadores consideraron a Jomeini como un defensor de la justicia social y los desdichados como un redentor.

Destacó la habilidad de Jomeini para politizar los acontecimientos religiosos, algo esencial en la visión integrista del Islam. Jomeini logró encauzar las reivindicaciones políticas, los agravios sociales y económicos a través del discurso religioso, y enfrenta a la población con el régimen exaltando los profundos sentimientos de martirio que el shiísmo, a lo largo de los siglos, había imbuido a la población.

Durante los meses que duró el proceso de la revolución culminó la politización del shiísmo que los ulemas habían fomentado por más de un siglo manteniendo viva en la población la conciencia de la ilegitimidad de la monarquía y denunciando sus afrentas al Islam. Las procesiones religiosas en las que se aglutinaban todos los sectores e ideologías de la sociedad iraní se convertían en manifestaciones de protesta contra el régimen .Los manifestantes gritaban consignas en las que se empleaba el lenguaje del Islam (y no del marxismo); frecuentemente iban vestidos de blanco y desarmados, demostrando así su voluntad de martirio.

El gobierno islámico, dice Jomeini, “es  el gobierno del pueblo mediante la aplicación de la Ley Divina”. Sólo Dios es el “Gran Legislador”. El otro punto revolucionario de su libro es el énfasis en demostrar el carácter político y social del Islam dejando a un lado su aspecto religioso y ritual.


El Corán contiene mucho más versos relativos a los problemas
sociales que a los aspectos devocionales. Nunca se diga que
el Islam se compone de unos cuantos preceptos referentes a la
relación entre Dios y su creación. ¡La mezquita no es la
iglesia!... (las leyes de Dios) regulan toda la vida del
individuo desde su concepción hasta su muerte… ¡La Ley islámica
es progresista, perfecta y universal!


Un concepto claro en el pensamiento político de Jomeini es el que divide a la sociedad musulmana en dos grandes grupos cuyos nombres pueden interpretarse como “los del rebaño” y “los poderosos”. Los primeros son la gran masa de iletrados que viven en la miseria, los desposeídos; los segundos, verdaderos representantes del mal, explotan a los miserables. De ahí que sólo el conocedor de la ley islámica puede remediar la situación actuando como custodio de los miserables. Jomeini, pues, propone un gobierno para el pueblo, pero no por el pueblo, que carece del divino conocimiento y de la soberanía para ponerlo en práctica.

La Ley Islámica (sharia) tiene por objeto garantizar al hombre, en la vida presente, las mejores condiciones de vida y, en una vida futura, la recompensa eterna. Pero el primer elemento terrenal y existencial es decisivo. El Corán lo sintetiza cuando dice: “El árbol verde, que tiene las raíces en la tierra y cuyas ramas alcanzan el cielo”. Además, resistir a las tiranías, al despotismo, aparece como un deber musulmán, basado en el igualitarismo; El Corán plantea una sociedad donde “hay todo suficientemente para todos” y por ello hay autores que señalan que el islamismo no acepta la explotación del hombre por el hombre y que entraña una ideología de lucha contra las desigualdades.

La Revolución Iraní es el ejemplo más dramático de la expresión política del Islam en los años recientes. La larga trayectoria de oposición del clero shiíta a la monarquía y su gradual politización giran en torno de un argumento central que es la violación de la sharia, del ordenamiento divino; el clero se levanta en defensa de la sharia y clama por el establecimiento de un régimen acorde con las disposiciones del sistema.

En cuanto a las ideologías, el desprecio de Jomeini hacia las ideas occidentales y “orientales” (soviéticas) queda perfectamente expresado en las siguientes apreciaciones del Imán: “El ideal de la sociedad propuesta por Marx y Lenin es un campo de concentración y el de Occidente es un burdel a escala universal”.

En gran medida, la Revolución Iraní ha sido una revolución de independencia, de defensa de la identidad propia de un país del tercer mundo contra la tendencia globalizadora de la economía que, bajo el liderazgo de las potencias capitalistas, tienden a corroer las fronteras nacionales y la identidad nacional de los países más débiles. La reacción de los iraníes contra la occidentalización llevada a cabo por el Sha fue en defensa del último reducto de identidad nacional.


Bibliografía

Rodríguez Zahar, León. La Revolución Islámico-clerical de Irán 1978-1989. México. El Colegio de México. Centro de Estudios de Asia y áfrica, 1991.

Briere, Claire. Irán, La Revolución en Nombre de Dios. París, Terranova, 1979.

Escobar, Andrés. Irán No Alineado. La Habana. Editorial de Ciencias Sociales, 1979.

Morales, Gustavo. El Irán del Imam Jomeini. Madrid. Prensa y Ediciones Iberoamericanas S.A., 1988.

Maza, Enrique y otros. Irán, La Religión en la Revolución. México. Proceso, 1981.

30 may 2011

El origen de la visión distorsionada del Islam en Occidente (I)

Para la opinión pública, los países árabes musulmanes son un conjunto de estructuras políticas retrógradas y terriblemente opresivas. Exceptuando a algunas monarquías "progresistas" del Golfo Pérsico, parecería que los musulmanes de esta región del mundo quedaron estancados en la Edad Media. Los grandes medios de comunicación promueven la visión de los Emiratos Árabes Unidos y  Qatar como Estados firmemente comprometidos con la modernización al presentarlos como enclaves de consumismo y bienestar material al estilo occidental, a tal punto que al ver los centros comerciales, hoteles y edificios de oficinas en Doha, Dubái y Abu Dabi parecería que estamos viendo cualquier ciudad nueva norteamericana con un ligero toque "exótico", donde el carácter musulmán de las sociedades que habitan estos países pasa de ser el fundamento esencial de su visión del mundo a convertirse en una mera curiosidad turística.

La visión que se tiene del Islam en el occidente europeo nació del miedo de una sociedad en la que sus habitantes vivían en la más completa ignorancia y donde la institución eclesiástica tenía gran poder sobre la voluntad del pueblo. La historia ha probado en muchas ocasiones que la forma más eficiente de control es aquel que se ejerce y se consolida a través del miedo. Para los europeos de la Alta Edad Media que se enfrentaron a la cultura árabe-musulmana en expansión en la Península Ibérica, en Poitiers, en Sicilia y en general en la costa occidental del mediterráneo europeo el culto de los musulmanes era una versión degenerada de las enseñanzas de Jesús de Nazareth, y el profeta Muhammad era poco más que un farsante y un loco.

Posteriormente, y a pesar del valor que para la umma (comunidad musulmana) tiene la Cúpula de la Roca, la invasión de la Tierra Santa por los cruzados europeos no tuvo mucha importancia en las mentes de los califas de Bagdad o de los líderes religiosos de la península arábiga. Esta intervención era vista como una aventura de los fanáticos cristianos en los confines del Dar al Islam (mucho más preocupante y casi mortal para el Islam fue la destrucción que trajeron los ejércitos turco-mongoles a todas las grandes ciudades de Asia Central siguiendo una ruta de conquista que terminó en la sobrevalorada batalla de Ain Yalut). Para el desarrollo histórico del occidente europeo las Cruzadas fueron mucho más relevantes que para la historia del Islam. Durante ese periodo la palabra del profeta Muhammad se expandió y consolidó en la costa oriental del África Subsahariana, la península de Anatolia, el Cáucaso y el noroeste del subcontinente indio. En cambio para Europa, después de retirarse de todas sus posesiones en Palestina, todavía pasarían dos siglos y una terrible pandemia para que comenzara su asombrosa expansión por vastos territorios.    

22 may 2011

La guerra contra Gaddafi y su plan de "Petróleo por oro"

La ola de movimientos sociales que sacudieron el norte de África y que llevaron a su fin a gobiernos autocráticos y con un modelo de sucesión de tipo dinástico posee causas que deben buscarse en las condiciones socioeconómicas y de libertad política. Al parecer, la gente de Túnez y Egipto se hartó de las altas tasas de desempleo y de la farsa de la "democracia" en estos países árabes.

Cabe destacar la repentina efervescencia social que asombró al mundo durante esas semanas. Ningún analista internacional sospechaba unos cuantos días antes que sucederían revueltas políticas de tal magnitud, y eso responde a las particularidades de la religión islámica y la mentalidad de sus creyentes, temas que nunca serán cabalmente entendidos en Occidente.

Ahora bien, terminada esta primera etapa de revoluciones en el mundo del Islam, la propagación de las reivindicaciones sociales a Siria, Libia, Yemen y Bahrein conjuga elementos tanto sociales como geopolíticos. Y de ahí la importancia que tiene la manera en que la comunidad internacional responde a la represión gubernamental; en el caso de Libia, las causas geopolíticas son bastante controversiales.

Obviaré la teoría del control del petróleo libio para enfocarme en una hipótesis mucho menos conocida y bastante preocupante. Gadafi había concebido el plan de instaurar una moneda de oro, el dinar de oro, moneda que pensaba instituir en todos los países del norte de África y con el tiempo, también en los países de Medio Oriente. De esta manera, las exportaciones de hidrocarburos de estas naciones tendrían que pagarse en oro, y no en dólares o euros, lo cual cambiaría radicalmente el sistema de poder en el mundo, disminuyendo la capacidad adquisitiva de las naciones industrializadas y distribuyendo esta riqueza entre la población de los países del Magreb. El poder de compra dependería ahora de las reservas de oro de cada país. Así, los países exportadores de hidrocarburos obtendrían un valor real a cambio de sus recursos, y no serían víctimas ya de la especulación de las monedas las cuales no basan su valor en ninguna base real, y con esto podrían programar su desarrollo con base en sus propias aspiraciones y objetivos, y no en el que los bancos centrales de los países desarrollados les impusieran. En pocas palabras, adquirirían un grado de independencia económica como jamás han conocido.

En 2000, Sadam Husein anunció que Irak vendería su petróleo exclusivamente en euros, con el temor de que tal medida se extendiera a todos los países de la OPEP, los norteamericanos lanzaron una invasión que derrocó a este dictador, detuvo sus pretensiones pro-europeas y además les otorgó el control de una de las mayores reservas petrolíferas del mundo.

La Realpolitik sigue tan viva como en la época de Otto Von Bismarck. El propio Cardenal Richelieu hubiera aprobado estas acciones de haber sido consejero de Bush y de Obama. El realismo político no murió con el fin de la Guerra Fría, ahora posee un carácter más sutil debido al creciente poder de los medios de comunicación y se justifica con argumentos orwellianos: Prolongar la guerra para procurar la seguridad de los civiles.